El derecho a la pataleta o el abuso de las compañías telefónicas

Parece mentira, pero las compañías telefónicas hoy en día son todopoderosas. Manejan tu vida y no puedes hacer nada al respecto, porque las necesitas. Y sí, te puedes cambiar a otra, pero el idilio durará menos que una rosa en invierno.

Sus campañas son agresivas como pocas. Buscan clientes de mil maneras diferentes, intentan persuadirlos ofreciéndoles todo lo imaginable, prometen y prometen… pero… Ese es el problema que saben agarrarte con una permanencia y cuando surgen los problemas (que surgen) tienes que seguir aguantando porque cambiarte te sale por un ojo. Prometimos… pero no cumplimos y no solo eso, sino que encima te tienes que aguantar. No lo dicen, pero lo ponen en práctica.

Un ejemplo real: el de una de esas compañías que se vende y se anuncia hasta la saciedad vendiendo su excelente atención al ¿cliente? ¿o sufridor? Una avería ¿y qué hace el pobre usuario? Llamar a atención al cliente, claro, solo para informarse. Responde una máquina muy amable, eso sí, diciendo que hay un problema y que están trabajando en ello. Y se corta la comunicación. Bien, pero el pobre cliente lo que quiere es saber cuándo volverá a funcionar internet, porque su trabajo depende de ello.

Ni por el fijo ni por el móvil, imposible, no hay siquiera la posibilidad de “marque un… y le pasamos a un operador” ¿Para qué? ¿Para que el pobre tenga que oír quejas y lamentos? Siguiente paso, aprovechando que el móvil tiene datos, el bienintencionado (aún) cliente escribe una queja. ¡Puede escribirla! El correo de atención al cliente deja… Deja escribirla, claro, pero no enviarla.

Diez horas después y tras mil intentos desesperados de contactar con alguien ¿qué es lo que le queda al ya desesperado cliente? La pataleta, pero en solitario porque no hay nadie responsable que pueda sufrir sus consecuencias.

Un caso real, lamentable, pero habitual. Y lo peor de todo es que en la compañía se lavan las manos, en esa y en cualquier otra, porque saben que tienen clientela segura, que hoy no se puede vivir sin teléfono ni internet y que los que mandan, al final, son ellos.

La vergüenza del fútbol

Lamentablemente, cada vez se parece menos a un deporte y más a una batalla sin sentido. Lo hemos visto en la Eurocopa. Parece que los partidos han quedado en un segundo plano frente a las barbaridades de los mal llamados aficionados. Aficionados no solo de cierto país, Gran Bretaña, que ya nos tenían acostumbrados a sus desmanes. No, la cosa parece que se ha extendido.

Ahora hay que soportar la delincuencia organizada de grupos de rusos (vamos dejar lo de aficionados o hinchas) dispuestos a darse de mamporros con cualquiera que se le ponga delante y, ya de paso, destrozar todo lo que tenga a mano. Por cierto, y encima entrenan y lo graban…sin palabras. Y no mucho mejor es el comportamiento de cierta parte del público croata, lanzado bengalas y petardos al terreno de juego sin pensar que podrían causar serios daños, como de hecho estuvieron a punto de hacerlo.

¿Eso es deporte? No, no lo es. Y la excusa de que son grupos incontrolados no es más que eso, una excusa. No se puede negar que a veces desde los mismos clubes se ha mirado hacia otro lado, sino fomentado, la actuación de grupos con un cierto “matiz violento”. Siembra vientos y recogerás tempestades, dice el refrán popular, y qué razón tiene en esto del fútbol.

Porque ya no es que la violencia se viva en grandes eventos, no, empieza a ser inherente al fútbol. Tal vez por lo que se ve… o no, habría que analizarlo. Pero lo cierto que no es raro ver comportamientos muy poco deportivos en partidos de alevines, y no por parte de los niños, sino por parte de los entrenadores e incluso de sus propios padres. O batallas campales en partidos de tercera regional o agresiones brutales a un árbitro… ¿Deportividad? ¿Dónde?

¿Eso es fútbol? No, no lo es y lo peor es que quien tiene en su mano acabar con esta situación no lo hace: por un lado las autoridades poniéndose de una vez serias, por otro los clubes prohibiendo la entrada a los campos de estos grupos y, finalmente, el resto de los aficionados que cuando contemplan un hecho deleznable pasan de largo ya hacen como si nada.

La gran farsa de PODEMOS

Ya manifestada por su demagoga denominación de partido, “Podemos”, el cual se ha encargado se sacar partido de una situación en la que los ciudadanos podrían considerarla como desesperada, pues en su discurso político se dan indicios de tener inclinaciones partidarias al comunismo, y establecen ser los precursores del socialismo del siglo XXI, término utilizado por el ya fallecido ex presidente de Venezuela y que ahora es utilizado por su seguidor Nicolás Maduro, pero que además ha llegado a oídos y boca del actual líder del partido populista de Podemos Pablo Iglesias, pues estos toman conciencia de lo cansada que se encuentra la sociedad española de ser constantemente engañada por la pelea bipartita entre los partidos de PSOE y el Partido Popular.

Con este nombre se hacen entrever lo que verdaderamente propone dicho partido, simple y llanamente atraer la atención de simpatizantes, pues sus ideas de mejoramiento referentes a la nación carecen de sentido común, alegando tener inclinaciones político-comunistas, enfatizando en darle más poder al Estado, hasta el punto en el cual las instituciones públicas controlen gran parte del sector productivo y social del país, y poniendo entre comillas la idea de darle al pueblo mas participación en cuestiones políticas, de allí es que deriva el nombre de “podemos”, instituyendo la realización de un cambio en la esfera política que ha estado por tanto tiempo inamovible en el país, gracias a esas dos grandes vertientes de PSOE y PP.

Lo irónico es que el método populista ha dado sus frutos, pues en encuestas realizadas se indicó que el 40% de los integrantes o simpatizantes de este “maravilloso partido” estaban en desacuerdo con sus ideologías políticas, lo que hace más impresionante su capacidad a la hora de manejar el Marketing.

Este 40% de los simpatizantes que están en contra de las ideas de dicho partido, simplemente estarían dispuestos a votar por ellos, como una especie de venganza en contra de los demás partidos que a su entender no han sabido realizar buenas gestiones en el país, lo que ellos no saben es que al poner en gestión a un partido populista como Podemos, y que este emplee sus políticas ideológicas de izquierda pura, estaríamos en presencia de una debacle social y económica en el país, además de ello el otro 60% de simpatizantes que no se encuentran en contra de dichas ideas, pero que tampoco están a favor totalmente, simplemente poseen una afección personal por el líder del partido Pablo Iglesias, gracias a su discurso populista.

El valor de las cosas

A veces resulta muy chocante el valor que se da a ciertas cosas en ciertas situaciones. Chocante, paradójico, sorprendente e incluso indignante. Mientras todo un país se planteaba un tema tan serio como seguir perteneciendo o no a la Unión Europea (nos referimos, evidentemente a Gran Bretaña) veíamos encuestas que rayaban lo surrealista.

Mientras en cualquier lugar de Gran Bretaña se esgrimían todo tipo de argumentos a favor o en contra, a muchos kilómetros, en la Costa del Sol española (y según lo que mostraban los medios de comunicación) no había mucho debate. ¿Opinión mayoritaria? Permanencia, por supuesto.

Se puede pensar que se trata de una especie de ataque de sentido común contagioso, o de sinrazón, según quien lo mire. Pero no, las razones de fondo no tienen nada que ver con las ventajas o desventajas que para Gran Bretaña supone la permanencia en la Unión Europea. Es algo mucho más personal, más de andar por casa.

En nuestras costas mediterráneas viven miles de ingleses, disfrutan del sol, del mar…y de los excelentes servicios españoles. Sí, porque si hay algo que valoran los extranjeros que residen en nuestro país es la sanidad, esa que utilizan sin ningún remordimiento. Y no solo eso, sino que aquí las medicinas son mucho más baratas que en su país, y el transporte, y la vivienda…

Vamos que estar empadronados en España para ellos es todo un chollo ¿Quién quiere renunciar a todo eso? Evidentemente, nadie. El suyo, desde luego sí es un retiro dorado, con sus jubilaciones, nuestros precios y nuestros servicios ¿Qué más se puede pedir? Que Gran Bretaña siga en la Unión Europea, claro.

Todo un sinsentido que lleva a pensar aquello de que el bien común acaba siempre muy por debajo del propio. A veces un poco de egoísmo está mal, pero cuando se trata de vivir a costa de los demás resulta, cuanto menos, inmoral.

Predicar con el ejemplo

Si, así de sencillo y así de difícil de conseguir. Toda la clase política sin distinción se encuentra inmersa en una batalla vacía de contenido y, lo que es peor de soluciones, respecto a la guerra civil en Siria y al drama de los refigurados. Y mientras, hay alguien que con un simple gesto les pone en su sitio y hace eso que deberían hacer los que mandan: predicar con el ejemplo.

No basta con decir que es terrible, hay que plantear soluciones, tomar iniciativas. Y en ese sentido el violinista Ara Malikian ha decidido poner su granito de arena y dar una lección de la que todos, pero especialmente quienes gobiernan, deberíamos tomar nota. Un gesto sencillo, pero con un gran significado, Malikian ha llevado la música a los campos de refugiados sirios en el Líbano. Un pequeño rayo de esperanza, una mínima ilusión, pero al menos algo hermoso para olvidar por un momento los terribles efectos de la guerra.

Cierto es que seguramente su origen armenio libanés y su propia experiencia personal hayan influido en su especial sensibilidad hacia los refugiados. Pero eso es lo de menos. Lo importante es el gesto y Malikian ha hecho uno muy grande llevando eso que sabe hacer a los más necesitados: música.

Y aún más, el violinista ha anunciado que donará parte de la recaudación de los cinco últimos conciertos de su gira en España “15”, a los programas que la ONG Acción contra el Hambre desarrolla en el Líbano. Exactamente un euro por entrada y, además, invita a todo el mundo a colaborar con este programa solidario.

Y dice Malikian que no basta con dar de comer a los refugiados, hay que darles un futuro. Y no deberíamos dudarlo porque ¿quién dice que no seamos nosotros los refugiados en unos años? Prediquemos con el ejemplo, aunque sea por una cuestión egoísta, porque para recoger primero hay que sembrar.

En busca de la felicidad por autoayuda

En esta era contemporánea, los divanes, las prisas y las medicaciones para intentar ser feliz se encargan del marcar el ritmo rutinario. Son tiempos de buscar prácticamente a la desesperada la felicidad, lo que acaba siendo contraproducente y generando la frustración por no poder ser feliz en un entorno, por lo general, adverso.

autoayudaComo le ha ocurrido a las civilizaciones que han poblado la Tierra desde días inmemoriales, las creencias en dioses y en divinidades que puedan salvar al humano de la muerte y del vacío de su propia existencia siguen representando otra vía de alivio en la actualidad. En todo el mundo existen más de cuatro mil doscientas religiones, por lo que las oportunidades para encomendarse a un dios salvador son muchas.

También la crisis económica, agravada en el sentido de ser también una crisis de valores y de principios morales y filosóficos, ha aumentado las exigencias de cada hombre por escapar de la decadencia y la desidia en la que quedan ancladas muchas vidas. Pero en esta ola de huida de la realidad y de refugio en estrambóticos motivos que nos hagan seguir viviendo más o menos en paz con el yo interior, una nueva religión parece haberse erigida en captadora de auténticas masas, se trata de la literatura de psicología positiva.

Una de las drogas que más fuerte están pegando en el siglo veintiuno son los manuales de autoayuda. Cualquiera puede escribir un libro invitando al resto del rebaño a leer contenidos pueriles y poco reposados. Todo vale con tal de vender un ejemplar de un libro y con tal de hacer creer al prójimo que se puede ser feliz, aunque sea a base del propio convencimiento, de escapar de la cruda realidad y de vivir en una burbuja de mentira en la que cada sonrisa esté huera y forzada por las páginas de una especie de gurú patético. Así que menos pastillas y manuales de autoayuda -y menos tontería, al fin y al cabo-  y más paseos armónicos por los parques, las playas y los bosques.

Cuestión de autoridad

Desgraciadamente el bullying está de moda. No es algo que se acabe de inventar, todos conocemos a alguien de nuestra clase que era objeto de burlas inmisericordes por parte de los compañeros. Es cierto, sí, que el uso y abuso de las nuevas tecnologías lo ha hecho mucho más público y, sobre todo, doloroso.

Pero lo realmente doloroso es que nadie tenga la suficiente autoridad para impedir que niños de 10 o 12 años agredan a otros en el patio del colegio o en clase o, especialmente, lleven dispositivos móviles al centro escolar.

Los docentes parecen haber perdido su autoridad, se nota en su actitud y en la de los alumnos. Será difícil que alguno lo reconozca públicamente, pero a veces resulta más fácil mirar hacia otro lado que intentar poner orden en una situación en la que a veces tienen mucho que ver los padres.

Y tienen que ver porque hoy en día todo el mundo cuestiona la autoridad de los profesores. “Mi niño no hace eso”, por supuesto. Si hay algún problema es del profesor, que con un poco de mala suerte no se librará de una reprimenda del furibundo padre, cerrajeros Bilbao, de ese alumno al que ha castigado por mal comportamiento. Porque al niño no se le puede castigar, pobre, cómo va a estar un día sin recreo, demasiado duro.

Y ese sentimiento de impunidad puede dar alas. Unas alas negras que se abalanzan sin piedad hacia un blanco fácil que no encuentra protección ninguna. Y, para que quede constancia de ello lo graba en el móvil y lo difunde al mundo entero, para que la humillación roce límites insoportables.

Y ahora llega el segundo aspecto ¿Qué hace un niño con un móvil en el colegio? ¿Lo necesita? En primer lugar, los padres deberían ser los primeros en evitarlo, en un centro escolar ningún alumno necesita un teléfono. Y, en segundo lugar, las autoridades educativas deberían endurecer las normas al respecto. De poco sirve requisar un móvil si luego se le entrega al padre cuando lo solicita.

Es un problema de actitudes, educación y autoridad. Un problema serio que necesita medidas serias, no parches improvisados.

Guerra Civil Siria

La Guerra Civil de Siria es cualquier cosa menos un conflicto que se desarrolla de puertas adentro. El país gobernado por Bashar Al-Asad se ha convertido en un escenario de intereses en el que Estados Unidos ha pretendido desestabilizar, tal vez como castigo a un Gobierno discrepante con la tónica general del resto de monarquías árabes. Grupos rebeldes terroristas como el Frente Al-Nusra cuentan con la financiación de países como Jordania y Turquía, que a su vez vive con el imperativo bélico de Estados Unidos en sus entrañas.

avion ruso siriaAl Nusra, que dejó de combatir a ISIS hace meses, lucha encarecidamente contra el Gobierno de Al-Asad. Rusia, cuyo máximo dirigente, Vladimir Putin, está cercano a Al-Asad, está ejerciendo por su parte una función en la zona de protección de la soberanía gubernamental. El panorama es similar al de la Guerra Fría, con dos superpotencias como Estados Unidos y Rusia, que, tras muchas turbulencias, parece estar recuperando su hegemonía en la geopolítica internacional.

siriaVisto el panorama de incertidumbre y el conflicto de intereses que asuela toda Siria, la lucha contra el Estado Islámico en la zona, encabezada por Rusia, resulta muy compleja y dificultosa. Y todo ello en el trasfondo de un conflicto en Siria que se extiende en el tiempo por más de cinco años. El perdedor principal de esta Guerra es el mismo que el de todas: los inocentes. En torno a medio millón de personas han perdido la vida en Siria desde que arrancó la guerra; de ellos, más de un 25% son menores.

Hace pocos meses, la hipocresía de Occidente hacía que todos se rasgasen las vestiduras por la foto de un niño refugiado muerto en la orilla. La actitud de la perversa Unión Europea y su constante obscenidad a la hora de abordar las políticas ha propiciado que el número de refugiados que han llegado los países del viejo continente sea vergonzoso. La UE ha vuelto una vez más la cara al dolor y al sentido común; la historia no absolverá la falta de humanidad de nuestros gobernantes.