La cuesta que nunca acaba

Tradicionalmente se ha hablado de la cuesta de enero, aunque tal y como están los tiempos casi habría que hablar de la cuesta que nunca acaba. Empieza en enero y en septiembre aún la estamos subiendo.

Las Navidades dejan tiritando muchos bolsillos, pero luego llegan las vacaciones, siempre merecidas y con gastos más o menos considerables. Y no quiere decir que nos embarquemos en un viaje de ensueño, no. Al fin y al cabo, a los niños hay que entretenerlos. Y, aunque no se viaje, la piscina, el cine y alguna que otra escapada acaban constando una pequeña fortuna.

Sin tiempo de recuperarse llega la que para muchos es la peor cuesta de todas: la ascensión de septiembre. Porque no es cuesta, es mucho más. El que tiene hijos lo sabe: la vuelta al cole es mucho más que dolorosa, sobre todo ahora, cuando a causa de los nuevos planes educativos no queda más remedido que comprar los libros. En muchos casos hay que olvidarse de eso tan socorrido de pasar los libros de unos a otros o pedirlos prestados. Sencillamente, no sirven.

Y lo peor es el precio, escandaloso. Que le digan a una familia media, con un sueldo tirando a bajo y un par de hijos que tienen que gastarse un mínimo de 200 euros en cada uno de ellos y solo en libros. Las cuentas no salen. Imposible, porque luego llega el material escolar, la ropa, los zapatos, las clases de inglés… Si eso cuesta, y mucho, con un sueldo decente, ni imaginar lo que es cuando se tienen menos recursos.

Pero no da tiempo a recuperarse, no. Que hay que ir llenando la hucha de nuevo para las Navidades. Eso si entre medias no nos la vacían los impuestos municipales, el seguro del coche o el de la casa.

¿Llegaremos alguna vez al final de la cuesta? Tal vez, o tal vez no, pero lo que está claro es que para sobrevivir hay que ser, por lo menos, economista y es fácil que las cuentas no salgan ni con la mejor intención del mundo.

Written By Manolo